Tantos en La Habana y toda Cuba han visto el famoso video en estos días, que ya desde hace rato no es noticia describir sus imágenes. La gente pregunta ávida: ¿Por fin? ¿Qué te pareció? Su contenido fue glosado hace meses en El País, replicado hasta la saciedad, y hasta algunos dicen (ay, malas lenguas…) que ya hay quien lo tiene digital y discretamente lo pasa de mano en mano. Al estreno lo llamaban “Los dioses rotos”…
Hace un tiempo apuntaba el preámbulo del caso (Detenido empresario allegado a Lage), y ahora refiero brevemente parte de mis impresiones, que no vienen tan documentadas como hubiera querido pues lo hago de memoria.
¿Qué vimos?
Cuatro segmentos de video. Uno sobre el “Caso Crucero”, en el que un empresario italiano (Alfonso Lavarello), de procedencia más dudosa que la masa cárnica, lograba establecer varios negocios con la Isla. Entre ellos que destaca un contrato de explotación de terminales portuarias abrumadoramente ventajoso para sí mismo, bajo la indolencia olímpica (complicidad) de varios funcionarios gubernamentales implicados (Carlos Lage, Martha Lomas, et al). Un desastre que costó decenas de millones de dólares al bolsillo de Liborio.
Observación: El mismísimo Lavarello redactó las secciones de la resolución que le daba durante 20 años privilegios de explotación de buena parte de los puertos de Cuba. Ni la Asamblea Nacional, ni el Partido Comunista, ni los sindicatos, ni los medios de comunicación se enteraron. Pasó frente a todos los implicados, fue firmado y acuñado y publicado en la Gaceta Oficial. Y ya. Un país ignorado, e ignorante de sus derechos. Una institucionalidad y un aparato legal tan extraordinariamente débil que espanta. Resulta imposible no recordar la facilidad con que los funcionarios del gobierno de la URSS se volvieron empresarios de la noche a la mañana en 1991, repartiéndose el kake con los capitales extranjeros cuando el derrumbe.

Un segundo segmento sobre la reunión en el Buró Político del PCC donde se anunciaban los cambios y reestructuración y fusiones de ministros y ministerios.
Observación: El presidente Raúl conduce la reunión y todos los demás escuchan. A pesar de que reiteradamente expresa que no le gusta la unanimidad y que quisiera escuchar los criterios de la gente, nadie abre el pico. Mucho se parecen a una reunión aburrida en la que nadie habla para acabar rápido e ir al cine… ¿O es que ya sabían que el horno no estaba para pastelitos? De cualquier manera, no me gusta. Una mala imagen. O están desinteresados, o no existe la confianza para hablar, o es mejor callarse, o tienen lástima de lo que viene, no sé, todo malo… Todos, excepto Raul Castro, con una cara demasiado gris.

Una tercera sección con el proceso de pulverización de Carlos Lage, Pérez Roque, Fernando Remírez y Otto Rivero.
Observación 1: Cuando les anuncian que un gran amigo (Conrado Hernández, empresario cubano reclutado por los servicios de inteligencia de España) ha sido detenido con esos cargos, comienza un agónico y camaleónico proceso de “ver como escapamos de esta”… Tratan de minimizar su relación con el prisionero, de esquivar las balas. Me sorprende que nadie se sorprenda, que nadie se encabrone, que nadie suelte un “¡Cojones! ¡Fulano me embarcó!…” Aparentando tal ecuanimidad, demuestran su doble moral. ¿Cuántas veces—los defenestrados y otros— habrán escapado de problemas sin dar el rostro, sin asumir su responsabilidad? ¿Cuán generalizada puede ser esa conducta a tales alturas? A juzgar por lo que vimos, me temo que bastante.
Observación 2: Todo explota por Conrado, quien estaba vigilado desde la primera vez que fue contactado por los oficiales de inteligencia españoles en La Habana. Si tal hecho no hubiera ocurrido, igual el despelote seguía, y probablemente Carlos Lage hubiera sido vicepresidente —en vez de Machado Ventura—, pues puede suponerse que no fue promovido al puesto porque ya recaían sospechas acerca de su amistad corrompida con Conrado, al que proveía de información y contactos con total tranquilidad (haciendo el papel de comemierda, para decirlo en cubano). Ergo: el despelote no es suficiente para caer en desgracia. Hace falta incurrir o acercarse peligrosamente a la traición. ¿El despelote sigue?
Observación 3: Conrado llegó a desviar el curso de un río para que pasara por su finca de recreo, a la que asistían en fiestas los demás implicados. ¿Qué le pasó por la cabeza a esta gente cuando llegaron y vieron tal cosa? ¿Cómo metabolizar algo así? Ir a darse la vida en un ambiente que materializa una mentalidad fuera de la realidad, más allá del bien y el mal… en la que el dinero manda y punto. Muy elocuente…

Una última sección en la que se documenta más el caso de Conrado, con llamadas telefónicas y otras filmaciones de entrevistas y vigilancia.
Observación: ¡Qué inocentes son! ¡Cómo hablan por teléfono! Nunca leyeron novelas de espionaje.

Conclusión: es una mezcla de infantilismo gozador, con ineptitud empresarial, sinsentido total de responsabilidades políticas, caradura, doble rasero y doble moral, inocencia suicida, acomodamiento, abuso de poder, desprecio por el público y aun por el aparato estatal.
Corolario: No son expresiones aisladas, en un sistema en el que una parte de la gente interpreta (y exige) la simulación como estrategia de vida. Muchos cubanos de a pie pensaban que esa conducta no llegaba tan alto. Me alegro por todos, ya estamos más claros.
Solución: La única, la luz al final del túnel, la que ha dicho el presidente Raúl Castro. Solo es la primera piedra, pero es indispensable a mediano plazo para que la nación tal como la conocemos sobreviva a los procesos que vienen inevitablemente. Institucionalizar este país arrebatado. Que funcione un Estado de Derecho, donde la transparencia de los procesos de toma de decisiones se levante sobre la ley. Las que tengan que ser modificadas, que lo sean, pero que se cumplan.

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