Desde hace algún tiempo quería publicar aquí un fragmento del ensayo “Mirar Cuba hoy: cuatro supuestos para la observación y seis problemas-nudos”, de la investigadora cubana Mayra Espina Prieto.
El trabajo, aparecido en Temas el pasado año, se orienta a sintetizar en varios bloques el complejo haz de conflictos que atraviesan el cuerpo social cubano. Solo presento aquí los llamados problemas-nudos. Acorde con un enfoque complejo de lo social, uno remite a otro, ninguno es la causa última, todos se imbrican y potencian. Por supuesto, que tampoco permiten abordajes parciales. Solo resulta posible manejarlos a través de políticas sistémicas, multidimensionales.


Me pareció que hablaba muy claro, y que expresaba muy bien, como se dice, lo que yo hubiera querido escribir.
El PDF completo del artículo se encuentra aquí. Pero como Temas no tiene un espacio de discusión 2.0… (El 1.0 sí que lo tiene, y suele ponerse caliente los últimos jueves de cada mes.)

Mirar Cuba hoy: cuatro supuestos para la observación y seis problemas-nudos (fragmento)

Por: Mayra Espina Prieto
(Publicado en Temas No. 56: 132-141, octubre-diciembre de 2008)

1. Tecno-buro-politización de la agenda de cambio social. Con este enunciado pretendo significar que la elección de la estrategia de gestión social ha quedado colocada, bajo el supuesto de mayor efectividad y de delegación democrática, en manos de expertos-burócratas (de la política, planificación, economía, dirección, etc.), y el punto de vista de los beneficiarios o participantes-masa (visibilizados en su heterogeneidad), que deberían ser también actores protagónicos de la trasformación, y controladores de sus resultados y del uso de los recursos, queda en un segundo plano, reservado a un nivel consultivo y movilizativo, subordinado a un conocimiento pretendidamente mayor. Todo ello se expresa en hiperestatalización de las relaciones sociales, centralización y verticalismo, paternalismo-autoritarismo, homogenismo distributivo con insuficiente sensibilidad para atender la diversidad de necesidades e intereses heterogéneos (de grupos, territorios, localidades, colectividades laborales, etc.), y suponen procesos de enajenación por déficit de participación real en la toma de decisiones.

Entre los problemas asociados a este nudo en una relación de recursividad pueden distinguirse: déficit de innovación (tecnológica, social); déficit de participación; no comprometimiento político y repliegue hacia lo individual-familiar inmediato; agenda social con prioridades que no consideran lo suficiente la solución de problemáticas prioritarias para la población (vivienda, alimentación, transporte, ingresos, entre otros).

2. Insuficiente sostenibilidad económica del proyecto social. Para ilustrar este problema tomemos la relación entre el crecimiento de los gastos sociales y la evolución de algunos indicadores económicos. Como tendencia, la dinámica de los gastos sociales siempre ha estado por encima de la de los indicadores de desempeño económico. Así, mientras el consumo social experimentaba un crecimiento promedio anual de 12%, entre la segunda mitad de la década de los años 70 y la primera de los 80, el Producto Social Global se incrementaba a un ritmo promedio anual de 9%, y el ingreso creado por un ocupado en la esfera productiva en 2,3%. Entre 1980 y 1987 el valor de la producción industrial promedió una elevación de 5,6%. Entre 1998 y 2000 el Producto Interno Bruto (PIB) tuvo un alza promedio de 6,4%, mientras que los gastos en servicios sociales se elevaron a un ritmo promedio anual de 13,1%, rebasando también, por amplio margen, los ritmos de incremento de la productividad del trabajo. Este tipo de relación entre el monto del gasto social y el del PIB expresa la prioridad concedida en la lógica de la transformación socialista en Cuba a la esfera social, y está en la base de los avances más significativos que el país ha alcanzado en esta; pero la generación de riquezas supone un límite a la política social, es parte sustantiva de su sostenibilidad, y cuando ese límite es violentado de manera sistemática, paralelamente a los avances se generan otros problemas: baja productividad; imposibilidad de alcanzar seguridad alimentaria; bajo índice de reversión económica de la inversión social; débil presencia de incentivos económicos, individuales y colectivos, para una conducta de rendimiento; ampliación de la economía informal y negra; empobrecimiento de amplias franjas poblacionales. En todo caso, el problema no reside en la elevada prioridad macroeconómica otorgada al gasto social, un elemento de alta positividad, sino en la manera en que se sostiene desde la economía.

3. Ampliación de desigualdades sociales. Uno de los impactos más fuertes de la crisis y la reforma de los años 90 en Cuba fue el brusco y acelerado proceso de ensanchamiento de las desigualdades socioeconómicas, conceptualizado en algunos estudios como «reestratificación social». A pesar del tiempo transcurrido desde los inicios de la crisis y la reforma, y las modificaciones que han experimentado ambas líneas de cambio y sus influencias sobre el estado de la desigualdad, tal reestratificación continúa en curso. El aumento de la desigualdad no debe entenderse como un elemento negativo en sentido absoluto, sino más bien en su carácter ambivalente, pues ha supuesto, por una parte, aumento de incentivos productivos, ampliación de fuentes de empleo e ingresos suficientes para cubrir necesidades básicas, diversificación de la oferta de bienes y servicios y, para determinados grupos sociales, la restitución de la correspondencia entre aporte individual y acceso al bienestar material, pero por otra, ha lacerado aspectos esenciales de la justicia social y la equidad por incluir el fortalecimiento de diferencias socioeconómicas injustas (no provenientes del trabajo ni vinculadas a condiciones personales o grupales que requieran atención especial), procesos de empobrecimiento (20% de la población urbana del país se encuentra en condición de pobreza) y fortalecimiento de las desventajas vinculadas a raza, género y territorio, que se reproducen generacionalmente. Por lo que se convierte en un problema-nudo de especial relevancia, al socavar y negar una de las bases esenciales del proyecto socialista.

4. Pérdida del valor del trabajo como medio de vida, de acceso al bienestar y de satisfacción personal. La distancia entre la remuneración por el trabajo de los asalariados, el esfuerzo y los resultados, y la adquisición de medios adecuados para satisfacer las necesidades básicas, frente al poder de cobertura de otras fuentes .remesas, mercado negro, acciones ilegales, ha devaluado el trabajo como valor social, lo cual se relaciona con el ensanchamiento de desigualdades sociales no vinculadas al trabajo, y de estrategias de vida y sobrevivencia que legitiman acciones ilegales, semilegales, informales, etc. Ello se ve reforzado por la debilidad de los mecanismos participativos y auto-organizativos del mundo laboral, que deja muy poco espacio a la participación directa efectiva, con real influencia sobre decisiones concernientes a la vida de los colectivos y a estrategias generales del país, todo lo cual perfila esta esfera más como mecanismo de alienación que de realización humana.

5. Debilitamiento (y en algunos casos o grupos, desconexión) de las afinidades entre el proyecto político-social en el poder y su oferta de modelo de sociedad, y las aspiraciones y expectativas de vida individuales y familiares. Los cuatro problemas-nudo anteriores desembocan en este, que a su vez los refuerza. No solo se trata de las fallas de conexión entre demandas materiales individuales y colectivas con las prioridades del Plan y las proporciones entre inversión y consumo, sino incluye todo un conjunto de conexiones entre lo social y lo individual, lo material y lo subjetivo. Expectativas incumplidas por la oferta paternalista-homogenista, desconexión entre trabajo y bienestar, empobrecimiento, déficit de participación, beneficio material prometido pero pospuesto, libertad individual aparentemente colocada en contradicción con el interés mayor de la colectividad y la nación, refuerzan en el imaginario cotidiano y sus prácticas una sensación más o menos consciente de imposibilidad para construir tal afinidad, y le ha abierto paso a la noción de «lucha», de «resolver» a como dé lugar, de una sociedad que tiene poco que ofrecer. Esta situación se expresa de forma concreta en las estrategias individuales y familiares, a las que no preocupa su grado de coherencia con el proyecto social, para conformar proyectos de vida desconectados del destino de la nación. Sus expresiones más dramáticas son la corrupción y la migración.

6. Institucionalidad socialista fallida o trunca. La burocratización, las fallas de anclaje y concreción legal de nuestra Constitución, la baja capacidad resolutiva del Poder Popular como forma de gobierno democrático, la concepción de unos medios de comunicación ajenos a una critica profunda, y la ausencia de una vocación real de servicio de las instituciones públicas, de control democrático popular sobre ellas y de una información sistemática, transparente y fidedigna sobre su funcionamiento e impactos reales, su ineficiencia y sus «por la izquierda», frustran la formación de una ciudadanía socialista de real civilidad y solidaridad, retada por un extendido «compadrismo popular» (no encuentro, lo confieso, un término más adecuado).

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