Tomado de Perlavisión.icrt.cu

Tomado de Perlavision.icrt.cu

Ayer sábado regresé de una breve incursión de cuatro días a la llamada Campaña de Frío, la cosecha de papas donde participan cientos de estudiantes universitarios en trabajo voluntario. Recordé que tenía un reportaje inédito desde el pasado año, cuando asimismo asistí. En estos días los muchachos de FCOM (la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana) se encuentran en Paraíso, un campamento del municipio Güines, y hasta donde pude observar, el clima es bastante más distendido que el que viví en la experiencia anterior. En aquella ocasión, quise publicar el trabajito en Alma Mater, pero parece que se traspapeló. Lo comparto con Uds aclarando que no representa lo que está pasando ahora mismo en Paraíso, sino mis impresiones de Aranguito, en el municipio Melena del Sur, hace ya un año. En esta ocasión, la dirección del campamento es completamente de la FEU, la ausencia de los cadetes del ITM permite un agradable “desorden interior” en los albergues, y la norma de trabajo está menos exigente. Por lo demás, hay buena papa y el reguetón sigue sonando hasta las 4 am. ¡Padrino quítame eta’sal d’encima!


¿POR QUÉ ARANGUITO PERDIÓ EL PRIMER LUGAR?

Melena del Sur, 5:30 AM.
Menos mal —me digo— que, aun dentro de un campamento agrícola de las FAR, la disciplina del “de pie” se ha suavizado con nosotros. Cuando llegamos me asustó una gran llanta oxidada y un trozo de cabilla que colgaban en la entrada del albergue, pero ahora, en la tranquilidad de la madrugada, después de que un teniente coronel con un amable “Buenos días” haya interrumpido el divagar nocturno de Morfeo, observo cómo cada cual utiliza estos minutos iniciales de paz para regresar al escenario del albergue. Algunos tonifican sus músculos con flexiones, otros ruedan en sus literas todavía resistiéndose a despertar.
—Ja. Pero aquí soñar es un problema —cuenta con una sonrisa pícara Esvillel Ferrer, estudiante de 3ro de Geografía.
Él soñó que se levantaba y el campamento había sido inundado por los campos adyacentes. Las áreas de estar eran recorridas por surcos rojizos repletos de tubérculos. Se lanzó a buscar a sus compañeras de aula: en los albergues, en el comedor, en las oficinas, los sacos se amontonaban hasta el techo. Seguía corriendo y a la entrada del campamento las encontró. Desaforadamente, como en una película en fast forward, recogían las papas del suelo. “¡Trabaja! ¡Subieron la norma a 40 sacos!”
—Bueno, eso por suerte no fue más que un sueño —prosigue Esvillel—. También conozco a alguien que soñó que bajaban la norma a 15 sacos… Pero tampoco se cumplió.
Y por supuesto, no hay nada raro en ello. Lo cotidiano es que los sueños no se materialicen; pero no solo esos sueños consecuencia del desvarío de la mente. También aquellos que mueven la sensibilidad y la acción de las personas tienen pocas oportunidades de concretarse si no recorren un abnegado camino de trabajo y planificación, guiados por un sentido de realidad precisamente (por extraño que parezca) a prueba de sueños.

¿Cuántos somos?
Cuando llegamos el 16 de marzo a Aranguito, uno de los 7 campamentos involucrados en la cosecha de papa de la Campaña de Frío, sobre el arco metálico de la entrada ondeaba la bandera roja del primer lugar en la emulación. Alumnos de la FEEM la habían ganado con su esfuerzo de las dos semanas anteriores. En la segunda etapa de 15 días correspondía el turno a la FEU, y para ello arribaban unos 60 estudiantes de Geografía, Física y Farmacia y Alimentos, de la Universidad de La Habana, una docena de profesores y un grupo de cadetes del Instituto Técnico Militar José Martí.
Acostumbrarse al trabajo no resulta fácil, y lleva un par de días para que la cintura se adapte a estar doblada tanto tiempo. El sol parece no calentar tanto gracias a la insistente brisa, pero el tostado de cuellos y brazos, junto a los labios agrietados no dejan lugar a dudas acerca de su potencia. Sobre la llanura solo se destacan las siluetas de un par de preuniversitarios becados y los alargados arcos de los regadíos. La falta de puntos de referencia es propicia para desorientarse. Los primeros días se espera con ansiedad la llegada de la merienda o el almuerzo al surco. Vienen en un camión que se descubre desde lejos por la nube de tierra que levanta. Poco a poco el hábito de trabajo se impone, y cada vez más, cuando vemos llegar el camión, se escucha: “Almorzamos después de terminar el surco”.  Los cadetes animan a todos con una vitalidad nacida del humor, la disciplina y el ejercicio físico. Los que estamos en el campo trabajamos duro. Sin embargo, por debajo del sudor de los rostros, la mente de muchos es contrariada por una pregunta: “¿Cuántos quedaremos mañana?”

Los que se fueron y los que se quedaron
Se aprecia con facilidad que para el Tte. Cor. Luis Alberto Urquiola, segundo jefe del campamento, no resulta sencillo decirlo.
—Esta FEU no es la FEU que se ve en los congresos. No es la FEU de “¡Sí ¡Pa’ lo que sea!” Hoy, jueves 27 de marzo, por ejemplo, se fueron diez. Nueve de ellos por determinación propia. Con estos muchachos había que hacer mucha labor política, de captación. Y para mí este trabajo no fue realizado como se debía. A mi me parece que la dirección de la FEU no tuvo mucho apoyo de los decanatos, del rectorado, del Partido. No hubo tratamiento diferenciado. Aquí, por otra parte, hay gente maravillosa, de gran vergüenza. Y no se puede olvidar que el que pasa aquí aunque sea tres días, ha hecho más que el que se quedó sin justificación en La Habana.
Para algunas facultades, como el IFAL, mantener la cantidad de jóvenes listos para esta actividad de máxima prioridad ha sido un considerable quebradero de cabeza. Tamara Forbe, una de las jóvenes profesoras al frente de la tarea, lo sabe de primera mano.
—En mi facultad, con dos carreras —explica—, ha hecho falta interrumpir la docencia de cuatro años para mantener alrededor de 50 estudiantes en el campo. Porque viene unos y se van otros. Faltó conversar más con los estudiantes, comprometerlos más.  Hablarles de la importancia de esto, de las condiciones de trabajo, que no se trata de un campismo pero que tampoco es un régimen militar. Hace cinco años yo vine a la papa, como alumna, y la facultad tuvo muy buenos resultados. Hay que analizar qué pasó esta vez.
La coincidencia de los XLI Juegos Caribe con la segunda etapa de la cosecha produjo no pocos conflictos. Atrapados en la disyuntiva de abandonar la recogida por un lado, y no presentarse a las competencias deportivas por otro, muchos atletas se sintieron traicionados cuando la respuesta de sus facultades fue la de suspender por decreto la participación a los Juegos.
—Hay algunos deportistas con trayectoria que quería regresar. Y es legítimo —opina Tamara—. ¿Quién le puede negar el derecho a alcanzar otra medalla al favorito en alguna disciplina? Dos actividades tan importantes como estas no deberían coincidir.
Escuchar a los estudiantes aclara algunas dudas. Estoy en la ducha. Hago saltar el agua sobre mis hombros para que las salpicaduras espanten los mosquitos que duermen en la penumbra húmeda del baño. Al lado se abren otros chorros y alguien habla. Comenta con adjetivos muy fuertes que se va del campamento…  Suena a un espíritu flojo forrado de guapería. Pareciera un acto valiente zafarse del trabajo. Se va hasta Lechuga, de ahí Melena, por 10 pesos hasta el Calvario, el M-6 y ya está. En casa.
Cuando salgo del baño voy directo a buscar al Chino de la Brigada 3. Se llama Oscar Angulo y cursa 4to año de Alimentos. La semana pasada trabajamos en pareja varios días  y sé que no se va a ir hasta el final.
—En un grupo tan grande siempre hay apáticos que no quieren venir. Quien no está aquí, salvo los enfermos de verdad, es porque no quiso. La FEU hizo buen trabajo, y el decano también. Incluso ha venido varias veces. Pero hay muchos que pensaron que iban a vacilar en grande. No sé lo que esperan. De las condiciones del campamento no tengo queja, porque no estamos en las casas. Hambre no se ha pasado. El que se ha quedado, lo ha hecho por conciencia. Porque sabe qué tiene que hacer. Esto es súper urgente, si no, la papa se echa a perder. A los que se rajaron los cogió el “meche” del campo y se dieron cuenta de que esto no es un campismo. No aguantan el trabajo, que no es fácil, pero se hace. Y ahí hay un montón de muchachas para demostrarlo, porque hay hembras que están de “tú a tú” con los varones.

Tomado de Escambray.cu

Transdisciplinariedad, intercambio y juntamenta
Durante varios días, los de la brigada trabajábamos juntos. Le caíamos entre todos a un surco, y luego a otro y a otro. Parecía incluso que de aquella forma fomentábamos el compañerismo, pero nos empezamos a quedar por detrás en la producción. Otras brigadas se habían subdividido, y demostraban que números que en tríos o cuartetos se trabajaba mejor. Entonces, como en los libros de materialismo histórico, aquella arcaica forma de producción fue abolida finalmente cuando sobrevino un avance tecnológico rotundo: “los ganchos”.
Un trozo de perchero se amarraba a las trabillas para sujetar un saco abierto a la altura de la cintura y, como haría un marsupial, se iban echando directamente las papas dentro del saco. ¡Qué dolor de espalda, pero qué rápido se llenan los sacos!
Por otra parte, lo que se dividía en el trabajo, se unificaba en la recreación y la amistad. Porque no en balde convivían en Aranguito geógrafos, físicos, especialistas en Farmacia, Alimentos, abogados, químicos, lingüistas, psicólogos, biólogos y bioquímicos, cadetes de ingeniería en telecomunicaciones y un periodista. Entre todos amasaban tan dispares y complementarios campos del conocimiento que después del trabajo se suscitaron algunas de las conversaciones más eruditas y raras que haya presenciado. Un ejemplo típico puede ser el cuestionamiento de la eficiencia energética del cuerpo humano a la luz de la posible desaparición evolutiva de la menstruación femenina y su incierto impacto en la conducta de la mujer, entro otros de verdadera transdisciplinariedad.
No obstante, de entre todas las posibles mixturas y amistades, sobresale la que se suscitó con los  cadetes del ITM, indiscutibles bujías de entusiasmo y dedicación. Ellos, afirman, se preparan para cumplir misiones, y quince días en la papa, comparado con una maniobra en el monte, es bien poco.
—El asunto es prepararse psicológicamente para el trabajo —considera el cadete José Javier Martínez—. Si estuviéramos en un campamento netamente militar, la norma iba a ser más alta y de igual modo la íbamos a cumplir. Ahora, la principal tarea que tenemos nosotros aquí es el intercambio con los otros universitarios. Y eso se ha logrado. Hemos trabado amistad con la gente, tratando a la vez de estimular y comprometerlos con el trabajo. Nosotros somos muy unidos, esa es la única forma de salir adelante en la vida militar. En lo civil no siempre es así. Y por eso estamos mezclados con todas las brigadas, tratando de halarlas para que nadie se vaya antes de que el trabajo esté cumplido.
—¿Y en su opinión la gente de la Universidad han estado a la altura de lo que hay hacer? —les pregunto.
—Mira, yo creo, sinceramente, que no —responde su compañero Alberto Jerez—. No es la primera vez que yo vengo, hace dos años coincidí con los psicólogos y se trabajó bien. Esta vez, muchos venían convencidos de que iban a estar solo una semana. Cuando ven que es 15 días buscan justificaciones y se marchan.

El orgullo del Chino
No obstante, no podría haber peor antídoto que acosar a los que se quedan con la perorata que merecen los que se van. Eso lo sabe bien la dirección militar y civil del campamento. Así que las noches son de fiesta para los que conservan fuerzas. Varias agrupaciones artísticas de la zona actúan en el campamento pero la actividad de mayor empaque artístico resulta, lógicamente, una visita de estudiantes del Instituto Superior de Arte.
Los días transcurren y en las reuniones nocturnas con los oficiales se controlan los índices de la cosecha. Salta a la vista que el esfuerzo realizado es grande, pero, ¿será suficiente para mantener la primera posición?
El cierre de la Segunda Etapa de la Campaña acontece en la Empresa de Cultivos Varios de Quivicán 19 de abril. Después de un viaje de una hora en la cama de un camión, nos unimos a las otras pequeñas delegaciones de los 7 campamentos de la campaña. Descubrimos que el caso de Aranguito no fue precisamente singular. En general, de los más de 700 jóvenes participantes en la cosecha, 122 abandonaron los campamentos. Y parecería una cifra aceptable, siempre que no se realice el cálculo de la ayuda que por una u otra razón decidieron negar: unas 175 mil personas no recibirán en su mesa la pequeña cuota de papas de la oferta normada. No obstante, los resultados de la campaña no pueden desestimarse por ello. Solamente en Aranguito se cosecharon más de 16 mil quintales, lo cual representa la cuota de unas 822 mil personas. Con esos números logra el 2do lugar, pero la bandera roja cambia de manos. “La semana que viene la recupero”, promete el Tte. Coronel Pedro Alaín Navarro, jefe del campamento.
Cuando regresamos algunos escuchan las cifras con sano orgullo.
—Los que hemos estado aquí sobrecumplimos —le cuento al Chino—. 143 porciento.
—Vaya. Tengo que decirte que esto es una experiencia inolvidable —me comenta al rato, mientras el reguettón empieza a subir de volumen con el inicio de la fiesta—. Uno se acostumbra al trabajo intelectual y a veces le parece que no puede hacer cosas con las manos, y entonces ves cientos y cientos de sacos paraditos por todo el campo. Es algo que marca muy hondo. Yo mismo, estoy seguro, al cabo de muchos años veré un camión de papas y me preguntaré: Ñó, ¿quién estará recogiendo la papa ahora?
Esa es una pregunta que —sospecho— nunca se harán quienes no fueron.

Anuncios